José despertó en medio de la noche sobresaltado
y sudoroso.
Se sentó en el borde de la cama e intentó
recordar vanamente el sueño que lo había perturbado.
Dado la hora y que necesitaba volver a
dormir, comenzó a practicar algunas técnicas de relajación más los ruidos que
hizo despertaron a su esposa que encendió la luz.
-Lo lamento querida, no era mi intención despertarte.
- dijo él con voz culposa.
-No te aflijas, date vuelta y dormite-
respondió ella.
A José le llamó la atención el tono de voz;
no parecía fuera el de Victoria. Se acercó a ella y espantado comenzó a gritar
pues se encontró con una mujer anciana y desconocida.
Salió corriendo del cuarto buscando la
puerta de calle y en la carrera se dio cuenta que no estaba en su departamento,
nada le resultaba conocido. Su miedo y su desconcierto crecían con cada paso
que daba.
A pesar de ello detuvo su marcha y se
adentró en lo que le pareció un cuarto de baño.
Encendió la luz, se vio en el espejo y el
grito proferido provocó el ladrido de los perros vecinos.
Su respiración se aceleró al máximo. La
imagen reflejada era de una persona de unos sesenta años aproximadamente,
calvo, excedido de peso y de muy baja estatura. No era él.
Se miraba y gritaba, se volvía a mirar y
gritaba nuevamente. La mujer anciana y un joven desgarbado lo observaban desde
la puerta.
-Miguel, ¿Qué te ocurre por el amor de Dios?
- le preguntó.
-Yo no soy Miguel y vos no sos Victoria.
¿Por favor, que está ocurriendo? -
-Por supuesto que no soy esa mujer, soy tu
esposa Anabel, carajo-. gritó ofuscada y celosa.
- ¿Quién es? - preguntó señalando al
joven.
-Ay, mi Dios, es tu hijo Damián. ¿Qué, no
lo reconocés? -
-No y no y no, mujer. -
- ¿Qué me está pasando por favor? Quiero
despertar de esta pesadilla, por la Virgen. -
Y comenzó a confirmarse en voz alta:
-Mi nombre es José, tengo cuarenta años,
alto, delgado, con cabello, practico deportes y soy Gerente del Banco Mundial
desde hace cinco años. Estoy casado con Victoria, treinta y dos años, cabello
negro, muy bella y esbelta, psicóloga y tenemos una hermosa hija de siete años,
Sofía. ¿Dónde está mi hija? - gritó angustiado. Y continuó.
-Vivimos en Ciudad Capital en un piso con
vista al mar.-
Volvió a gritar cuando se miró en el
espejo.
Su esposa intentó calmarlo: -Mi amor, no
entiendo que te ocurre, creo que un sueño te ha confundido, asustado. Escuchame
por favor. -
José se sentó en el inodoro.
-Tu nombre es Miguel, manejás grúas en la
fábrica de cerámica del pueblo desde hace treinta años y en doce meses te jubilás.
Mi nombre es Anabel, tengo cincuenta y nueve
años y atiendo el negocio familiar, el que nos dejaron tus padres, ¿Lo recordás?
Nos casamos hace veinte y siete años y
fuimos bendecidos con este hermoso hijo, Damián, quien está estudiando para recibirse
de veterinario.
Y no soy psicóloga ni tampoco bella y
esbelta, es cierto, pero nunca te quejaste y siempre halagaste mis ojos y mis
enormes tetas. -
José escuchó cada palabra y sintió que el
piso se movía. No entendía, seguía confundido. Comenzó a recorrer la casa y las
fotos con la imagen de ese Miguel poblaban la misma. Se sentó en el piso a
llorar y dijo:
- Esto significa que aquella magnífica
mujer, la posición acomodada, la bella niña, la vida de lujos...era un sueño. -
Las lágrimas no se hicieron esperar.
Anabel lo ayudó a reincorporarse y lo
llevó al cuarto para recostarlo en la cama. Le preparó un té, lo mimó un rato
hasta que comenzó a relajarse y se quedó dormido.
Ella comenzó a rezar…
Muy lejos de allí, Miguel se despertaba sobresaltado,
aunque no del todo pues ya había experimentado esto de despertarse siendo otra
persona y comenzaba a acostumbrarse a estas nuevas sensaciones, aunque sin entenderlas.
Se sentó en el borde de la cama y no pudo
resistir la tentación; espió bajo las sábanas y se encontró con una bellísima
morena, desnuda y mucho más joven que su esposa real.
- ¡Muchas gracias! - susurró mirando al
cielo y con el puño cerrado. -Esta vez me han sido bondadosos, no como la
última vez que mi pareja era un hombre…y mi esposo. -
Dicho esto, se desnudó con la intención de
despertar a su nueva mujer. Lo hizo con un beso en el hombro.
-Hola José-, dijo ella un tanto dormida,
con una voz sensual y una lánguida sonrisa…
La carcajada de Cloto retumbó en el enorme
cuarto. Luego de unos instantes continuó hilando en la rueca. La matrona que
andaba por allí comenzó a acercarse a la doncella para conocer el motivo de su
risa, aunque sabía el motivo.
Con voz grave le dijo:
-Sé que es divertido, también lo hice,
pero debés tener cuidado niña, no se debe jugar a cambiar la vida de los seres
humanos, a veces las consecuencias son nefastas. -
-No te preocupes, sé cuándo detenerme. -
respondió la Moira más joven con una sonrisa.
-Con este último he jugado tres veces. Es
increíble, tenés que verlo, ya no se asusta y disfruta cada nueva experiencia
que le brindo. Miralo, haciéndole el amor a esa bella mujer, está casi tonto. -
La matrona lo observa y una sonrisa se le
dibuja en el rostro.
De pronto se escuchan severos pasos en el
cuarto. Es la anciana acercándose.
Saluda y pregunta - ¿Saben quién llamó? -
- ¡Oh, oh! - exclamaron ambas.
- ¿Y cuál fue el motivo mi querida?
preguntaron al unísono.
-Recibió la oración de una esposa
desesperada porque su marido decía ser otra persona, con otra vida y otra
esposa y me preguntó si alguna de vosotras tenía que ver con esto. -
- ¿Vos sabés algo Cloto? -
-Tal vez. - dijo al mismo tiempo que una
pícara sonrisa le iluminaba el rostro.
-Pues dejá de hacerlo, sé más responsable
por favor, no podemos jugar con los humanos, después terminan locos o muertos.
- dijo alzando la voz y con gesto
adusto.
-Pido perdón y prometo no volver a hacerlo.
- respondió la niña.
El silencio se apoderó del ambiente
volviéndose tenso, despiadado, frío, interminable.
Hasta que las tres damas, doncella,
matrona y anciana, Las Moiras, eternas hilanderas del Destino, soltaron una
enorme carcajada.
F I N
Publicado en la Segunda Edición impresa de
Falsaria, España. Año 2013.
Editado 14-03-19
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