martes, 9 de febrero de 2016

AZUL






El niño se despertó sobresaltado en medio de la noche.  La tormenta que se desató hacía 
zozobrar el viejo  faro, su aliento entraba por debajo de las puertas.
Los cuidadores corrían hacia todos lados intentando cerrarle el paso al agua que entraba por las puertas y algunas grietas en el techo.
Las viejas persianas de madera se batían sin tregua por la furia del viento.
Mientras, el pequeño desde su cuarto solo escuchaba el llanto de una niña.
Venía de afuera y sentía que era su obligación darle ayuda.
Salió sin ser visto y comenzó a caminar por el bosque bajo una amarga lluvia azul y  vientos  que por momentos lo elevaban por los aires. Los árboles se retorcían dibujando tétricas siluetas en la negrura de la noche.
Más siguió caminando, desafiando las inclemencias del tiempo con el solo objetivo de salvar a la dueña de aquel llanto.
Apuró el paso hacia la costa ayudado por la luz de su farol entre relámpagos rojos furiosos.
Recorrió cierto trecho y de pronto los gritos se escucharon más fuerte. Estaba cerca.
Llegó a una pequeña bahía.
Y allí estaba, en el agua con su aleta atrapada entre dos rocas, llorando.
Por un instante dudó pues no esperaba encontrarse con una pequeña sirena, más pensó que en definitiva no dejaba de ser una niña en problemas.
Corrió hacia ella, le extendió su mano y asiéndola con fuerza logró liberarla.
La niña se sintió tan feliz que se acercó al niño y lo besó en los labios para perderse luego alegremente en el mar bravío…
-Dime tu nombre por favor.- gritó el niño mientras la veía alejarse.
Ella lo escuchó, regresó, lo miró a los ojos y le respondió:
-Azul, mi nombre es Azul.-


-Han pasado cuarenta años de aquel beso. La historia no me la creyó nadie pero juro por mi vida que ocurrió…me besó una sirena.

                                                        

                                                          F    I    N

jueves, 4 de febrero de 2016

BLANCA y el vagabundo.


El eterno vagabundo estuvo viajando dos días por aquella solitaria carretera que parecía no conducir a ninguna parte.
Aún saboreaba la sangre de su última víctima, una hermosa mujer a la cual sorprendió en su alcoba cuando dormía. La mató impiadosamente como era su estilo.
Llegó a un pueblo olvidado por el mundo.
Sus calles vacías y su escasa luz provocaban en los visitantes cierto escalofrío.
Se detuvo en el primer hotel que encontró, rentó un cuarto de mala muerte y aguardó a la noche.
A las diez salió hacia el único bar del lugar.
Ya en la barra, pidió un whisky y contempló a todas las mujeres que allí se encontraban.
Estaba escrutando cada rostro cuando un murmullo lo distrajo.
Miró hacia la entrada y allí estaba; esbelta como una Diosa pagana,  cabello rojo brillante, ojos verdes, labios color rojo furioso, piel de porcelana y un vestido rojo ceñido al cuerpo con un tajo que permitía admirar unas piernas interminables. El perfume y su piel eran una combinación perfecta. Embriagaba su sensualidad.
Caminó hasta la barra y se sentó  dejando entrever su desnudez debajo del  vestido. 
El vagabundo se acercó y le dijo:
-Hola, ¿Que vas a tomar muñeca?-
-Buenas noches, nada y no me llames muñeca.- respondió secamente.
-Como quieras, dime tu nombre entonces.-
Pensó por un momento y dijo: -Bla…Estefanía.-
-Estefanía…bello nombre elegiste.- dijo con sarcasmo.
-Tu primera vez aquí, ¿verdad?- aseveró.
-Si, una amiga me dijo que es un buen lugar para encontrar hombres solitarios.-
-Pues lo encontraste.-
Dijo mientras le posaba una mano sobre la pierna desnuda.
La mujer sonrió y le clavó la mirada.
-¿Y tú cómo te llamas?-
-Ra…Máximo.- le dijo.
-Bien Estefanía, somos adultos así que no daré vueltas: quiero que vayamos a un lugar tranquilo, te quiero para mí esta noche.-
-Eres impulsivo…me gusta.- respondió ella.
-No perdamos tiempo, a dos cuadras hay uno.- dijo él.
-Vamos.- dijo sonriendo y comenzó a caminar hacia la salida.
Salieron del bar y caminaron las dos cuadras en silencio.
Ya en el hotel los atendió una anciana con un parche en el ojo.
Rentaron el cuarto número seis. 
Una vez en la alcoba, Blanca se desnudó dejando caer su vestido.
Se acostó en la cama y le hizo señas a su amante para que hiciera lo mismo. 
Al minuto estaban frente a frente, desnudos. Más no se tocaban, solo se miraban a los ojos, en un intento por desentrañar el misterio que los rodeaba. Fue entonces que él sonrió, buscó el arma entre sus ropas y le apuntó.
Dos disparos de pistola estallaron en medio la noche…
La anciana asustada subió presurosa, abrió la puerta y se encontró con el  hombre muerto, desnudo,  en medio de un charco de sangre.
Al rato llegó la Policía y comenzó a interrogar a la señora.
-No es mucho lo que puedo decirle…llegó solo hace media hora y luego escuché los disparos. Se suicidó, creo. -
¿Llegó solo, no estaba acompañado? - le preguntó el oficial.
-Solito y solo.-

El eterno vagabundo había dejado de existir al fin.
El mismo que mató sin piedad a Blanca en el seno de su hogar durante una terrorífica noche de invierno.
Lejos de allí, en el viejo cementerio aquella dama deambulaba alegre sobre las tumbas.
Hasta que se detuvo en una lápida que decía:
“Blanca, tus hijos y esposo te amarán por siempre. Descansa en Paz.”
Sonrió mientras una luz muy fuerte la envolvía.
                                                      

                                                               F    I    N








jueves, 28 de enero de 2016

LA VIDA DE ROQUE

-¡Que lento pasa el tiempo! ¿No Fidel?- exclamó Roque.
El viejo perro solo atinó a abrir un ojo.
Luego, al sentir la mano rugosa de su amo en la cabeza, movió el rabo unos segundos hasta que se durmió otra vez.
El anciano, sonriendo se levantó de la silla y con paso cansino fue a buscar el toscano que estaba sobre la mesa al lado de una hoja de papel que contenía el nombre de una mujer.
La primera bocanada de humo la saboreó como si fuera la última.
Luego tomó la botella de licor y se apoyó en el marco de la ventana de la vieja casilla para contemplar aquel infinito cielo superpoblado de estrellas y de seres fantásticos.  
-¡Cuarenta años en esta montaña! ¡Una eternidad!- dijo en voz alta
Terminó de fumar y luego de beber un trago de alcohol, dijo.
-Hoy dormiré con ella en mi pecho.- 
Y trajo aquella hoja de papel para posarla sobre su pecho.
Cerró los ojos.
Los recuerdos acudieron a su mente como un torbellino.








Recuerdo de la infancia.

Las risas de los niños lo despertaron.
Al ver que se había quedado dormido en el aula, se sintió muy avergonzado.
Su maestra de cuarto grado lo miraba con gesto agrio.
-¿Roque? Basta, estoy cansada de que duermas en clase.- dijo severa.
-Ve  a la oficina de la Directora y dale esta nota. Ella te castigará como te lo mereces.- dijo fastidiada.
El niño de ocho años se puso a llorar. Sabía que le aguardaba una furiosa paliza cuando se enterara.
-Por favor Señorita, no lo haré mas, se lo prometo.- rogó con lágrimas en los ojos.
Más a ella no le importó por lo que le entregó el papel, lo tomó del guardapolvo, lo zamarreó y a los gritos le dijo:
-Vete ya, no te quiero más en mi clase.-
… Solo recuerda estar acurrucado en un rincón del cuarto mirando como su padre se acercaba blandiendo su ancho cinturón de cuero.









Recuerdo de un gran amor.

-¿Te quieres casar conmigo?- le preguntó una Lourdes emocionada.
- Por favor Roque, casémonos así nos largamos de este viejo pueblo y comenzar una nueva vida juntos.- suplicó.
Tenían veinte años.
El muchacho permaneció inmóvil sin saber responder.
Hasta que se decidió y emprendió veloz carrera hacia el campo.
Solo una vez miró hacia atrás y al ver como aquella mujer agonizaba por amor…regresó.
                                                            









Recuerdo de una triste partida

Jamás se sintió tan solo en el mundo a pesar que conocía el abandono desde la niñez.
Lourdes, al cerrar la puerta de la casa se llevó consigo el amor, los sueños, las ilusiones, sus esperanzas. Solo la Nada lo rodeaba, se sintió vacío, tanto que no podía llorar.
Durante horas se mantuvo en la misma posición, sentado en el piso, mirando sin ver.
Los últimos dos años de su vida transcurrieron en su mente como un viejo film en blanco y negro. Se detuvo cuando huyó y regresó con su amada para casarse.
Esa noche la soledad se ensañó con él destrozando los pequeños fragmentos que quedaban de su alma...






A una semana de aquella noche.

Aquella mañana, el tren avanzaba a una velocidad inusitada, los problemas mecánicos se sucedían uno tras otro.
-No sobreviviremos a la curva del Montés.- gritó el fogonero mientras el conductor intentaba frenar aquel bólido.
Más al ver las enormes rocas sobre los rieles, su gritó provocó un eco feroz. 
-Se habrán desprendido durante la noche. Espero que Roque esté sobrio y nos habilite el cambio de vías, sino moriremos aquí.- vociferó.
Conductor y fogonero miraban hacia adelante esperando ver al Guarda noches.
De pronto vieron salir de la casilla al viejo, presuroso a accionar las palancas. Segundos antes del impacto lo logró y el tren tomó la vía libre de obstáculos.
Los gritos de júbilo no se hicieron esperar. Tampoco los saludos y agradecimientos hacia el hombre que les había salvado la vida.
-Gracias Roque.- gritó el conductor al pasar. Su compañero lo aplaudió. El viejo levantó el brazo en señal de agradecimiento.
El tren siguió su camino y llegó al próximo pueblo.
Allí se bajaron los pasajeros pues la locomotora debía entrar a los talleres para reparación.
Ya dentro de uno de los galpones, Galarza se reunió con el Jefe del taller para explicarle el problema.
Le contó con lujo de detalles lo ocurrido en el Montés.
Al escucharlo el mecánico se sentó en uno de los bancos de madera, estaba visiblemente conmovido por el relato.
-¿Pe..pero que te ocurre Ismael? Por tu cara pareciera que has visto un fantasma.- dijo con ironía.
-Galarza…amigo…tú has visto un fantasma…
A Roque lo encontraron muerto en la casilla hace una semana, estaba mirando al cielo y tenía entre sus manos una hoja de papel con tan solo un nombre escrito: Lourdes. 










Final y reposo.
Mientras tanto, allí en el Montés, Roque, satisfecho por haber salvado la vida de tantas personas, entre las cuales estaba Lourdes con dos de sus hijas y cinco nietas, dio por finalizada su estadía en este mundo y comenzó a remontar vuelo con el fin de regresar a su morada y planear su nueva vida.







                                                      F        I      N



    






jueves, 21 de enero de 2016

PATRICIA


Aquella mañana, al abrir los ojos, un poderoso pensamiento y un sentimiento indescriptible se apoderaron de mí. 

Estaba aturdido, mi corazón latía con la furia de mil caballos y me mente giraba alrededor del Universo sin detenerse.

Me levanté tambaleando. 

Llegué al cuarto de baño como pude y sumergí mi cabeza en agua fría. Quería detener aquel torbellino que me sacudía.

Luego de un rato todo comenzó a calmarse, los corceles menguaron la marcha y mi mente tardaba mas en darle la vuelta al Cosmos.

Aterido de frio me sequé y al mirar el espejo la vi, sentí su perfume el cual embriagó mis sentidos. Era su alma.

Y giré rápido pero no estaba.

Confundido terminé de secarme para luego regresar a mi cama.

Y allí estaba ella aguardándome…

Su cabello largo, negro y brillante caía sobre su bello rostro.

Su desnudez era exquisita, sus turgentes senos, su fecundo vientre, su pelvis dorada, sus infinitas piernas me recordaban a Afrodita la diosa del amor.  

Era una suprema obra surgida de las entrañas del Universo, digna de los mejores versos y de la más sutil obra musical de la historia de la humanidad.

Cuando abrió los ojos, su mirada azul rompió con todas las barreras de mi corazón, arrasó con mis miedos, mis dudas, mis dolores.

El amor abrazó mi pecho y  se quedó allí.

De pronto ella se sentó en la cama, extendió sus brazos y con una brillante sonrisa  me dijo:

-FELIZ ANIVERSARIO MI AMOR.-

Con una lágrima rodando por mi mejilla me acerque a ella y solo atiné a decirle:

-TE AMO PATRICIA.-

El beso selló nuestro amor para siempre.

                                                         F     I       N




miércoles, 20 de enero de 2016

LA LLAVE

Media noche en aquel pueblo
Alex marchaba muy despacio en su bicicleta, abstraído en sus pensamientos cuando de pronto tropezó con un enorme bulto que estaba tendido en la calle, cayendo aparatosamente al piso. Al incorporarse vio que se trataba de un anciano moribundo. Se acercó a él con prisa para socorrerlo. Más éste en un rápido movimiento lo tomó  por los brazos y le dijo suplicante:
-No hay tiempo, escúchame bien: vuela hasta la esquina de Lexington y Ducados. Allí, debajo de un farol que guarda en su seno una misteriosa luna, encontrarás a un caballero con una llave antigua en sus manos. Olerás su antigüedad aun antes de acercarte.
Dile que eres el guardián.
Te la entregará  y saldrás a toda velocidad hacia el viejo castillo.
Al llegar, abrirás la puerta y entrarás. Un mundo pleno de luz y fantasía y magia te recibirá.-
Dicho esto el anciano se quedó inmóvil con los ojos abiertos.
El joven se alejó del aquel cuerpo muerto y se sentó en la acera sin saber qué hacer. Y pensó.
Y a pesar de lo inverosímil del relato decidió hacer lo que se le pidió. No tenía nada que perder.
Levantó la bicicleta, montó en ella y pedaleó con fuerza. Al llegar al lugar, se asustó. Con nerviosismo vio que todo lo que le había dicho el viejo era verdad.  
Allí estaba el hombre, con la llave, debajo del farol con la luna prisionera. Efectivamente, el rancio olor a de lo antiguo, lo llevó por un momento a recordar los orígenes de la Tierra.
Pasada esta sensación, tomó coraje y se acercó. 
Frente a frente le dijo con voz quebrada:
“Soy el guardián”.
 Dicho esto el caballero lo miró y sin inmutarse le entregó la llave. Alex la tomó y sin mirar atrás se encaminó al castillo.
Al llegar, un intenso escalofrío le recorrió el cuerpo; el lugar tenía siglos, incalculables en realidad y las sombras de la noche le daban un aspecto por demás lúgubre y tenebroso.
Caminó hasta la puerta e introdujo la llave.
Esta se abrió de par en par y una intensa luz de luna arcaica lo cegó.
Siguió su camino y cuando estuvo dentro, todo se cerró a sus espaldas…


Doscientos cincuenta años han pasado, siempre custodiando la entrada al otro mundo, el mundo real.
Ese día, los Originales decidieron que ya era tiempo y decidieron liberarlo.
Esto significaba que regresaría a la vida de sueño pero por poco tiempo; debía salir del castillo, encontrar a su  reemplazante y morir para volver a entrar.
Alex con su cabellera plateada por los rayos de la luna se dirigió hacia la Entrada.
Al abrirla, la oscuridad de este mundo lo confundió.
Se alejó unos metros del Castillo y se topó con aquel caballero de galera y extraño bigote. Parecía que lo estaba aguardando. Su aspecto era el mismo de siglos atrás.
Alex se acercó y le entregó la llave.
Siguió su camino  y se perdió en las oscuras calles del pueblo buscando la más solitaria para tenderse en el  piso.
Muy cerca de allí, Agatha paseaba en su bicicleta absorta en sus pensamientos…


                                                               F      I       N

domingo, 10 de enero de 2016

Stefanía



La decisión había sido tomada: iría en su búsqueda pues la vida sin ella ya no tenía sentido.
Con la sabiduría de un filósofo y la fiereza y convicción de un guerrero espartano se lanzó al agua.
Y cruzó los siete Mares, se internó en el océano, surcó el espacio cósmico, eludió estrellas muertas, descansó en aquella que estaban vivas, escaló eternas montañas, caminó descalzo por fértiles valles, por la nieve helada y la arena caliente.
Hasta que llegó a las Puertas del Averno. Y sin llamar entró.
Se abrió paso entre la muerte y los tormentos, el fuego y el hielo, la soledad y la nada.
Y siguió su camino hasta salir de allí y llegar a la playa sin Fin donde las Almas reposan.
Y allí estaba, con su larga cabellera negra, su piel de porcelana y su belleza, jugando con la espuma de las olas.
Stefanía, al verlo, lloró lágrimas de intenso dolor, su corazón se partió en miles de pedazos cual frágil cristal.
Su amado caballero estaba allí, muerto.


                                                               F       I       N

domingo, 27 de diciembre de 2015

El fin.



Las montañas se divisaban majestuosas en el horizonte del desierto egipcio.
La travesía había sido larga y extenuante; viajaron miles de kilómetros y navegaron el río Nilo con un calor sofocante, insectos de todo tipo y olores fétidos. 
Al llegar al poblado de Qarara la felicidad los invadió; tendrían otra vez agua limpia, un reconfortante baño, una cama con sábanas limpias y buena comida.
Descansaron hasta la noche: Maximiliano, arqueólogo y con una vasta experiencia recorriendo el mundo en busca de testimonios antiguos, su hija Raquel, que compartía la pasión de su padre, dos alumnos de la cátedra de Maxi, Vanesa y Adrián y Mahmoud, el guía egipcio.
Se encontraron en el restaurante y fue Raquel la que comenzó a hablar.
-¿Pueden creer que estemos a horas de descubrir algo que alterará el Orden Mundial? Nada menos que un manuscrito de cien mil años de antigüedad, con el relato del Nacimiento de Dios y el Origen del Universo….-
-Espero sea verdad. A pesar de haber revisado cientos de veces el libro del Siglo II que encontramos enterrado en el Monasterio tibetano, aún tengo dudas sobre su veracidad. Y siendo lógicos, que se encuentre en un estado aceptable es harto difícil.- reflexionó Vanesa en voz alta.
-No seamos pesimistas- dijo Maxi. -Era el Evangelio de Judas; Jesús le reveló los secretos a cambio de aceptar pasar a la historia como el traidor más grande.
Según he leído, la relación entre ambos era más estrecha que con el resto de los apóstoles.-
-Y no se olviden que cualquier Museo del mundo pagará millones por él.- comentó Adrián entre risas y ojos brillosos.
-Bien, vayamos a dormir que mañana será un largo día.- dijo Raquel.
Al amanecer estaban listos para abandonar el pueblo y ponerse en marcha.
Atravesaron una distancia considerable y al caer la noche, llegaron a la entrada de una gruta, oculta tras las rocas.
-Aquí es.-gritaron al unísono.
Entraron y avanzaron con precaución hasta llegar a lo que parecía una cámara, en la cual haces de luz azul comenzaron a desprenderse de las rocas. Sorprendidos y asustados corrieron para escapar Raquel vio en las paredes, escritos ininteligibles y dibujos arcaicos.
Les pidió a todos regresaran.
Regresaron con cierto resquemor hasta que lo comprobaron; eran grabados esculpidos en la roca y pintados con colores poco comunes, brillantes. Las escrituras les resultaron incompresibles.
Los dibujos, en cambio parecían tener una secuencia y decidieron seguirla; en el primer cuadro les pareció que era un niño en una especie de cuna. A continuación algo parecido a un objeto volador. Seguía otro cuadro solo pintado de blanco, brillante que Adrián lo asoció con un estallido de luz, en el próximo aparecían como rocas surcando un espacio negro y en el último una roca azul. Todos coincidieron en que se trataba de la Tierra.
Vanesa gritó emocionada: -El manuscrito es esta cueva-.
-No lo sabemos aún, no nos apresuremos.- dijo Maximiliano.
Fue entonces que se acercó a una pared donde una extraña saliente llamó su atención. La empujó hacia adentro y la roca se desplazó hacia un costado dejando a la vista un túnel.
Se adentraron y caminaron hasta llegar a una nueva cámara que se iluminó de la nada.
La sorpresa y la emoción al ver la gigantesca estatua de un ser humano en apariencia anciano, los hizo tambalear.
La teoría de extraterrestres en la antigüedad se estaba confirmando.
La rodearon para admirarla hasta que el grito de Adrián interrumpió el momento:
-El manuscrito.-
Detrás de los pies de la estatua, sobre una roca que parecía una pequeña mesa, había algo que parecía un libro.
Lo tomaron con mucho cuidado y pudieron ver que se encontraba en perfectas condiciones.  
El exterior parecía ser de un material parecido al cuero y no tenía nada escrito. Lo abrieron y en la primera hoja se encontraron con una enorme lista:
Yahve, Jehová, Elohim, Elohay Kedem y más...
¿Es la lista de los mil nombres de Dios, no?- preguntó Vanesa. Todos asintieron.
-Recordemos que el número mil es el impronunciable nombre de Dios.- dijo Maximiliano.
Raquel comenzó a leerlos en voz alta, nerviosa.
Cuando llegó al número novecientos noventa y nueve, se detuvo al encontrar un párrafo escrito en copto que decía:
“Bienaventurado si has leído hasta aquí, pues en siete días conocerás los secretos del Comienzo si pronuncias el último nombre de Dios”.
Emocionada Raquel lo pronunció y aguardó.  
En ese instante se produjo un silencio agudo, tanto, que los oídos de todos comenzaron a sangrar. Y todo allí comenzó a temblar.
Asustado, Maximiliano tomó el libro y al leerlo la desesperación lo invadió.
-¿Que has hecho Raquel?-
-Aquí en realidad dice: “En siete días conocerás los secretos del Comienzo si NO pronuncias el último nombre de Dios.”-
Dio vuelta la página, algo que no había hecho su hija y encontró otro párrafo que decía: “Si lo haces será el Fin.”
Presos de la angustia, comenzaron a correr a toda velocidad buscando la salida de la cueva. 
Una vez afuera miraron al cielo y vieron como las estrellas se apagaban una a una, la luna se enrojecía y la oscuridad comenzaba a apoderarse de todo el planeta. 
Era el Fin del Mundo y ellos habían sido el instrumento…

-Listo espero que esta novela sea un éxito.- dijo eufórico mientras iba en busca de su habano y de un whiskey escocés.-
Saltó sobre su perro que estaba echado en la alfombra.  Este lo miró con un ojo y siguió durmiendo.
-Voy a encender mi habano, espero no te moleste.- le dijo  a su enérgico amigo.
Luego de la primera bocanada de humo releyó el final y se dio cuenta que faltaba la palabra fin y la escribió: F   I   N.
Salió al jardín a tomar un poco de aire y disfrutar del momento.
Más al levantar la vista hacia el cielo pudo ver que las estrellas comenzaban a apagarse una a una, la luna comenzaba a tener tintes rojos y la más negra oscuridad se cernía sobre el mundo.
                                              
                                                         F    I    N