Según Aristoteles, la amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas. En este pequeño punto del Universo sueño conque seamos miles las almas con un solo corazón; donde la verdad, la amistad, la honestidad, el amor, la capacidad de asombro, la imaginación y la reflexion sean los únicos objetivos a lograr. Richard
viernes, 25 de marzo de 2016
martes, 9 de febrero de 2016
AZUL
El niño se despertó sobresaltado en medio de la noche. La tormenta que se desató hacía
zozobrar el viejo
faro, su aliento entraba por debajo de
las puertas.
Los cuidadores corrían hacia todos lados intentando
cerrarle el paso al agua que entraba por las puertas y algunas grietas en el
techo.
Las viejas persianas de madera se batían sin tregua por la
furia del viento.
Mientras, el pequeño desde su cuarto solo escuchaba el
llanto de una niña.
Venía de afuera y sentía que era su obligación darle ayuda.
Salió sin ser visto y comenzó a caminar por el bosque bajo una amarga lluvia azul y vientos que por momentos lo elevaban por los aires.
Los árboles se retorcían dibujando tétricas siluetas en la negrura de la noche.
Más siguió caminando, desafiando las inclemencias del
tiempo con el solo objetivo de salvar a la dueña de aquel llanto.
Apuró el paso hacia la costa ayudado por la luz de su farol
entre relámpagos rojos furiosos.
Recorrió cierto trecho y de pronto los gritos se escucharon
más fuerte. Estaba cerca.
Llegó a una pequeña bahía.
Y allí estaba, en el agua con su aleta atrapada entre dos
rocas, llorando.
Por un instante dudó pues no esperaba encontrarse con una pequeña
sirena, más pensó que en definitiva no dejaba de ser una niña en problemas.
Corrió hacia ella, le extendió su mano y asiéndola con
fuerza logró liberarla.
La niña se sintió tan feliz que se acercó al niño y lo besó
en los labios para perderse luego alegremente en el mar bravío…
-Dime tu nombre por
favor.- gritó el niño mientras la veía alejarse.
Ella lo escuchó,
regresó, lo miró a los ojos y le respondió:
-Azul, mi nombre es
Azul.-
-Han pasado cuarenta años de aquel beso. La historia
no me la creyó nadie pero juro por mi vida que ocurrió…me besó una sirena.
F I
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jueves, 4 de febrero de 2016
BLANCA y el vagabundo.
El eterno vagabundo estuvo viajando dos días por
aquella solitaria carretera que parecía no conducir a ninguna parte.
Aún saboreaba la sangre de su última víctima, una
hermosa mujer a la cual sorprendió en su alcoba cuando dormía. La mató impiadosamente
como era su estilo.
Llegó a un pueblo olvidado por el mundo.
Sus calles vacías y su escasa luz provocaban en los
visitantes cierto escalofrío.
Se detuvo en el primer hotel que encontró, rentó un
cuarto de mala muerte y aguardó a la noche.
A las diez salió hacia el único bar del lugar.
Ya en la barra, pidió un whisky y contempló a todas
las mujeres que allí se encontraban.
Estaba escrutando cada rostro cuando un murmullo lo distrajo.
Miró hacia la entrada y allí estaba; esbelta como una
Diosa pagana, cabello rojo brillante,
ojos verdes, labios color rojo furioso, piel de porcelana y un vestido rojo
ceñido al cuerpo con un tajo que permitía admirar unas piernas interminables.
El perfume y su piel eran una combinación perfecta. Embriagaba su sensualidad.
Caminó hasta la barra y se sentó dejando entrever su desnudez debajo del vestido.
El vagabundo se acercó y le dijo:
-Hola, ¿Que vas a tomar muñeca?-
-Buenas noches, nada y no me llames muñeca.- respondió
secamente.
-Como quieras, dime tu nombre entonces.-
Pensó por un momento y dijo: -Bla…Estefanía.-
-Estefanía…bello nombre elegiste.- dijo con sarcasmo.
-Tu primera vez aquí, ¿verdad?- aseveró.
-Si, una amiga me dijo que es un buen lugar para
encontrar hombres solitarios.-
-Pues lo encontraste.-
Dijo mientras le posaba una mano sobre la pierna
desnuda.
La mujer sonrió y le clavó la mirada.
-¿Y tú cómo te llamas?-
-Ra…Máximo.- le dijo.
-Bien Estefanía, somos adultos así que no daré vueltas:
quiero que vayamos a un lugar tranquilo, te quiero para mí esta noche.-
-Eres impulsivo…me gusta.- respondió ella.
-No perdamos tiempo, a dos cuadras hay uno.- dijo él.
-Vamos.- dijo sonriendo y comenzó a caminar hacia la
salida.
Salieron del bar y caminaron las dos cuadras en
silencio.
Ya en el hotel los atendió una anciana con un parche
en el ojo.
Rentaron el cuarto número seis.
Una vez en la alcoba, Blanca se desnudó dejando caer
su vestido.
Se acostó en la cama y le hizo señas a su amante para
que hiciera lo mismo.
Al minuto estaban frente a frente, desnudos. Más no se
tocaban, solo se miraban a los ojos, en un intento por desentrañar el misterio
que los rodeaba. Fue entonces que él sonrió, buscó el arma entre sus ropas y le
apuntó.
Dos disparos de pistola estallaron en medio la noche…
La anciana asustada subió presurosa, abrió la puerta y
se encontró con el hombre muerto,
desnudo, en medio de un charco de
sangre.
Al rato llegó la Policía y comenzó a interrogar a la
señora.
-No es mucho lo que puedo decirle…llegó solo hace
media hora y luego escuché los disparos. Se suicidó, creo. -
¿Llegó solo, no estaba acompañado? - le preguntó el
oficial.
-Solito y solo.-
El eterno vagabundo había dejado de existir al fin.
El mismo que mató sin piedad a Blanca en el seno de su
hogar durante una terrorífica noche de invierno.
Lejos de allí, en el viejo cementerio aquella dama
deambulaba alegre sobre las tumbas.
Hasta que se detuvo en una lápida que decía:
“Blanca, tus hijos y esposo te amarán por siempre.
Descansa en Paz.”
Sonrió mientras una luz muy fuerte la envolvía.
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jueves, 28 de enero de 2016
LA VIDA DE ROQUE
-¡Que lento pasa el tiempo! ¿No Fidel?- exclamó
Roque.
El viejo perro solo atinó a abrir un
ojo.
Luego, al sentir la mano rugosa de su
amo en la cabeza, movió el rabo unos segundos hasta que se durmió otra vez.
El anciano, sonriendo se levantó de la
silla y con paso cansino fue a buscar el toscano que estaba sobre la mesa al
lado de una hoja de papel que contenía el nombre de una mujer.
La primera bocanada de humo la saboreó
como si fuera la última.
Luego tomó la botella de licor y se
apoyó en el marco de la ventana de la vieja casilla para contemplar aquel
infinito cielo superpoblado de estrellas y de seres fantásticos.
-¡Cuarenta años en esta montaña! ¡Una
eternidad!- dijo en voz alta
Terminó de fumar y luego de beber un
trago de alcohol, dijo.
-Hoy dormiré con ella en mi
pecho.-
Y trajo aquella hoja de papel para posarla
sobre su pecho.
Cerró los ojos.
Los
recuerdos acudieron a su mente como un torbellino.
Recuerdo de la infancia.
Las risas de los niños lo despertaron.
Al ver que se había quedado dormido en el aula, se
sintió muy avergonzado.
Su maestra de cuarto grado lo miraba con gesto agrio.
-¿Roque? Basta, estoy cansada de que duermas en
clase.- dijo severa.
-Ve a la
oficina de la Directora y dale esta nota. Ella te castigará como te lo
mereces.- dijo fastidiada.
El niño de ocho años se puso a llorar. Sabía que le
aguardaba una furiosa paliza cuando se enterara.
-Por favor Señorita, no lo haré mas, se lo prometo.-
rogó con lágrimas en los ojos.
Más a ella no le importó por lo que le entregó el
papel, lo tomó del guardapolvo, lo zamarreó y a los gritos le dijo:
-Vete ya, no te quiero más en mi clase.-
… Solo recuerda estar acurrucado en un rincón del
cuarto mirando como su padre se acercaba blandiendo su ancho cinturón de cuero.
Recuerdo de un gran amor.
-¿Te quieres casar conmigo?- le preguntó una Lourdes emocionada.
- Por favor Roque, casémonos así nos largamos de este
viejo pueblo y comenzar una nueva vida juntos.- suplicó.
Tenían veinte años.
El muchacho permaneció inmóvil sin saber responder.
Hasta que se decidió y emprendió veloz carrera hacia
el campo.
Solo una vez miró hacia atrás y al ver como aquella
mujer agonizaba por amor…regresó.
Recuerdo de una triste partida
Jamás se
sintió tan solo en el mundo a pesar que conocía el abandono desde la niñez.
Lourdes,
al cerrar la puerta de la casa se llevó consigo el amor, los sueños, las
ilusiones, sus esperanzas. Solo la Nada lo rodeaba, se sintió vacío, tanto que
no podía llorar.
Durante
horas se mantuvo en la misma posición, sentado en el piso, mirando sin ver.
Los
últimos dos años de su vida transcurrieron en su mente como un viejo film en
blanco y negro. Se detuvo cuando huyó y regresó con su amada para casarse.
Esa noche
la soledad se ensañó con él destrozando los pequeños fragmentos que quedaban de
su alma...
A una semana de aquella noche.
Aquella mañana, el tren avanzaba a una velocidad
inusitada, los problemas mecánicos se sucedían uno tras otro.
-No sobreviviremos a la curva del Montés.- gritó el
fogonero mientras el conductor intentaba frenar aquel bólido.
Más al ver las enormes rocas sobre los rieles, su
gritó provocó un eco feroz.
-Se habrán desprendido durante la noche. Espero que Roque esté sobrio y nos habilite el cambio
de vías, sino moriremos aquí.- vociferó.
Conductor y fogonero miraban hacia adelante esperando
ver al Guarda noches.
De pronto vieron salir de la casilla al viejo,
presuroso a accionar las palancas. Segundos antes del impacto
lo logró y el tren tomó la vía libre de obstáculos.
Los gritos de júbilo no se hicieron esperar. Tampoco
los saludos y agradecimientos hacia el hombre que les había salvado la vida.
-Gracias Roque.- gritó el conductor al pasar. Su
compañero lo aplaudió. El viejo levantó el brazo en señal de agradecimiento.
El tren siguió su camino y llegó al próximo pueblo.
Allí se bajaron los pasajeros pues la locomotora debía
entrar a los talleres para reparación.
Ya dentro de uno de los galpones, Galarza se reunió
con el Jefe del taller para explicarle el problema.
Le contó con lujo de detalles lo ocurrido en el
Montés.
Al escucharlo el mecánico se sentó en uno de los
bancos de madera, estaba visiblemente conmovido por el relato.
-¿Pe..pero que te ocurre Ismael? Por tu cara pareciera
que has visto un fantasma.- dijo con ironía.
-Galarza…amigo…tú has visto un fantasma…
A Roque lo encontraron muerto en la casilla hace una
semana, estaba mirando al cielo y tenía entre sus manos una hoja de papel con
tan solo un nombre escrito: Lourdes.
Final y reposo.
Mientras tanto, allí en el Montés, Roque, satisfecho
por haber salvado la vida de tantas personas, entre las cuales estaba Lourdes
con dos de sus hijas y cinco nietas, dio por finalizada su estadía en este
mundo y comenzó a remontar vuelo con el fin de regresar a su morada y planear
su nueva vida.
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jueves, 21 de enero de 2016
PATRICIA
Aquella mañana, al abrir los ojos, un poderoso pensamiento
y un sentimiento indescriptible se apoderaron de mí.
Estaba aturdido, mi corazón latía con la furia de mil
caballos y me mente giraba alrededor del Universo sin detenerse.
Me levanté tambaleando.
Llegué al cuarto de baño como pude y sumergí mi cabeza en
agua fría. Quería detener aquel torbellino que me sacudía.
Luego de un rato todo comenzó a calmarse, los corceles menguaron
la marcha y mi mente tardaba mas en darle la vuelta al Cosmos.
Aterido de frio me sequé y al mirar el espejo la vi, sentí su
perfume el cual embriagó mis sentidos. Era su alma.
Y giré rápido pero no estaba.
Confundido terminé de secarme para luego regresar a mi
cama.
Y allí estaba ella aguardándome…
Su cabello largo, negro y brillante caía sobre su bello
rostro.
Su desnudez era exquisita, sus turgentes senos, su fecundo
vientre, su pelvis dorada, sus infinitas piernas me recordaban a Afrodita la
diosa del amor.
Era una suprema obra surgida de las entrañas del Universo,
digna de los mejores versos y de la más sutil obra musical de la historia de la
humanidad.
Cuando abrió los ojos, su mirada azul rompió con todas las
barreras de mi corazón, arrasó con mis miedos, mis dudas, mis dolores.
El amor abrazó mi pecho y se quedó allí.
De pronto ella se sentó en la cama, extendió sus brazos y
con una brillante sonrisa me dijo:
-FELIZ ANIVERSARIO MI AMOR.-
Con una lágrima rodando por mi mejilla me acerque a ella y
solo atiné a decirle:
-TE AMO PATRICIA.-
El beso selló nuestro amor para siempre.
F I
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miércoles, 20 de enero de 2016
LA LLAVE
Media noche en aquel pueblo
Alex marchaba muy despacio en su bicicleta, abstraído en sus pensamientos cuando de pronto tropezó con un enorme bulto que estaba
tendido en la calle, cayendo aparatosamente al piso. Al incorporarse vio que se
trataba de un anciano moribundo. Se acercó a él con prisa para socorrerlo. Más
éste en un rápido movimiento lo tomó por
los brazos y le dijo suplicante:
-No hay tiempo, escúchame bien: vuela hasta la esquina de Lexington
y Ducados. Allí, debajo de un farol que guarda en su seno una misteriosa luna, encontrarás
a un caballero con una llave antigua en sus manos. Olerás su antigüedad aun
antes de acercarte.
Dile que eres el guardián.
Te la entregará y saldrás
a toda velocidad hacia el viejo castillo.
Al llegar, abrirás la puerta y entrarás. Un mundo pleno de
luz y fantasía y magia te recibirá.-
Dicho esto el anciano se quedó inmóvil con los ojos abiertos.
El joven se alejó del aquel cuerpo muerto y se sentó en la acera sin saber qué hacer. Y pensó.
Y a pesar de lo inverosímil del relato decidió hacer lo
que se le pidió. No tenía nada que perder.
Levantó la bicicleta, montó en ella y pedaleó con fuerza.
Al llegar al lugar, se asustó. Con nerviosismo vio que todo lo que le había dicho
el viejo era verdad.
Allí estaba el
hombre, con la llave, debajo del farol con la luna prisionera. Efectivamente,
el rancio olor a de lo antiguo, lo llevó por un momento a recordar los orígenes
de la Tierra.
Pasada esta sensación, tomó coraje y se acercó.
Frente a frente le dijo con voz quebrada:
“Soy el guardián”.
Dicho esto el caballero
lo miró y sin inmutarse le entregó la llave. Alex la tomó y sin mirar atrás se
encaminó al castillo.
Al llegar, un intenso escalofrío le recorrió el cuerpo; el
lugar tenía siglos, incalculables en realidad y las sombras de la noche le
daban un aspecto por demás lúgubre y tenebroso.
Caminó hasta la puerta e introdujo la llave.
Esta se abrió de par en par y una intensa luz de luna arcaica lo
cegó.
Siguió su camino y cuando estuvo dentro, todo se cerró a sus espaldas…
Doscientos cincuenta años han pasado, siempre custodiando la
entrada al otro mundo, el mundo real.
Ese día, los Originales decidieron que ya era tiempo y decidieron
liberarlo.
Esto significaba que regresaría a la vida de sueño pero por
poco tiempo; debía salir del castillo, encontrar a su reemplazante y morir para volver a entrar.
Alex con su cabellera plateada por los rayos de la luna se
dirigió hacia la Entrada.
Al abrirla, la
oscuridad de este mundo lo confundió.
Se alejó unos metros del Castillo y se topó con aquel caballero
de galera y extraño bigote. Parecía que lo estaba aguardando. Su aspecto era el mismo de siglos atrás.
Alex se acercó y le entregó la llave.
Siguió su camino y se
perdió en las oscuras calles del pueblo buscando la más solitaria para
tenderse en el piso.
Muy cerca de allí, Agatha paseaba en su bicicleta absorta en
sus pensamientos…
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domingo, 10 de enero de 2016
Stefanía
La decisión había sido tomada: iría en su búsqueda pues la vida
sin ella ya no tenía sentido.
Con la sabiduría de un filósofo y la fiereza y convicción de
un guerrero espartano se lanzó al agua.
Y cruzó los siete Mares, se internó en el océano, surcó el
espacio cósmico, eludió estrellas muertas, descansó en aquella que estaban vivas,
escaló eternas montañas, caminó descalzo por fértiles valles, por la nieve helada
y la arena caliente.
Hasta que llegó a las Puertas del Averno. Y sin llamar entró.
Se abrió paso entre la muerte y los tormentos, el fuego y el
hielo, la soledad y la nada.
Y siguió su camino hasta salir de allí y llegar a la playa sin Fin donde las Almas reposan.
Y allí estaba, con su larga cabellera negra, su piel de
porcelana y su belleza, jugando con la espuma de las olas.
Stefanía, al verlo, lloró lágrimas de intenso dolor, su corazón se partió en miles de pedazos cual frágil cristal.
Su amado caballero estaba allí, muerto.
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domingo, 27 de diciembre de 2015
El fin.
Las montañas se divisaban majestuosas en el horizonte
del desierto egipcio.
La travesía había sido larga y extenuante; viajaron
miles de kilómetros y navegaron el río Nilo con un calor sofocante, insectos de
todo tipo y olores fétidos.
Al llegar al poblado de Qarara la felicidad los
invadió; tendrían otra vez agua limpia, un reconfortante baño, una cama con
sábanas limpias y buena comida.
Descansaron hasta la noche: Maximiliano, arqueólogo y con
una vasta experiencia recorriendo el mundo en busca de testimonios antiguos, su
hija Raquel, que compartía la pasión de su padre, dos alumnos de la cátedra de
Maxi, Vanesa y Adrián y Mahmoud, el guía egipcio.
Se encontraron en el restaurante y fue Raquel la que comenzó
a hablar.
-¿Pueden creer que estemos a horas de descubrir algo
que alterará el Orden Mundial? Nada menos que un manuscrito de cien mil años de
antigüedad, con el relato del Nacimiento de Dios y el Origen del Universo….-
-Espero sea verdad. A pesar de haber revisado cientos
de veces el libro del Siglo II que encontramos enterrado en el Monasterio
tibetano, aún tengo dudas sobre su veracidad. Y siendo lógicos, que se
encuentre en un estado aceptable es harto difícil.- reflexionó Vanesa en voz
alta.
-No seamos pesimistas- dijo Maxi. -Era el Evangelio de
Judas; Jesús le reveló los secretos a cambio de aceptar pasar a la historia
como el traidor más grande.
Según he leído, la relación entre ambos era más
estrecha que con el resto de los apóstoles.-
-Y no se olviden que cualquier Museo del mundo pagará
millones por él.- comentó Adrián entre risas y ojos brillosos.
-Bien, vayamos a dormir que mañana será un largo día.-
dijo Raquel.
Al amanecer estaban listos para abandonar el pueblo y
ponerse en marcha.
Atravesaron una distancia considerable y al caer la
noche, llegaron a la entrada de una gruta, oculta tras las rocas.
-Aquí es.-gritaron al unísono.
Entraron y avanzaron con precaución hasta llegar a lo
que parecía una cámara, en la cual haces de luz azul comenzaron a desprenderse de
las rocas. Sorprendidos y asustados corrieron para escapar Raquel vio en las
paredes, escritos ininteligibles y dibujos arcaicos.
Les pidió a todos regresaran.
Regresaron con cierto resquemor hasta que lo
comprobaron; eran grabados esculpidos en la roca y pintados con colores poco
comunes, brillantes. Las escrituras les resultaron incompresibles.
Los dibujos, en cambio parecían tener una secuencia y
decidieron seguirla; en el primer cuadro les pareció que era un niño en una
especie de cuna. A continuación algo parecido a un objeto volador. Seguía otro
cuadro solo pintado de blanco, brillante que Adrián lo asoció con un estallido
de luz, en el próximo aparecían como rocas surcando un espacio negro y en el
último una roca azul. Todos coincidieron en que se trataba de la Tierra.
Vanesa gritó emocionada: -El manuscrito es esta
cueva-.
-No lo sabemos aún, no nos apresuremos.- dijo Maximiliano.
Fue entonces que se acercó a una pared donde una
extraña saliente llamó su atención. La empujó hacia adentro y la roca se
desplazó hacia un costado dejando a la vista un túnel.
Se adentraron y caminaron hasta llegar a una nueva
cámara que se iluminó de la nada.
La sorpresa y la emoción al ver la gigantesca estatua
de un ser humano en apariencia anciano, los hizo tambalear.
La teoría de extraterrestres en la antigüedad se estaba
confirmando.
La rodearon para admirarla hasta que el grito de Adrián
interrumpió el momento:
-El manuscrito.-
Detrás de los pies de la estatua, sobre una roca que
parecía una pequeña mesa, había algo que parecía un libro.
Lo tomaron con mucho cuidado y pudieron ver que se
encontraba en perfectas condiciones.
El exterior parecía ser de un material parecido al
cuero y no tenía nada escrito. Lo abrieron y en la primera hoja se encontraron
con una enorme lista:
Yahve, Jehová, Elohim, Elohay Kedem y más...
¿Es la lista de los mil nombres de Dios, no?- preguntó
Vanesa. Todos asintieron.
-Recordemos que el número mil es el impronunciable
nombre de Dios.- dijo Maximiliano.
Raquel comenzó a leerlos en voz alta, nerviosa.
Cuando llegó al número novecientos noventa y nueve, se
detuvo al encontrar un párrafo escrito en copto que decía:
“Bienaventurado si has leído hasta aquí, pues en siete
días conocerás los secretos del Comienzo si pronuncias el último nombre de Dios”.
Emocionada Raquel lo pronunció y aguardó.
En ese instante se produjo un silencio agudo, tanto,
que los oídos de todos comenzaron a sangrar. Y todo allí comenzó a temblar.
Asustado, Maximiliano tomó el libro y al leerlo la
desesperación lo invadió.
-¿Que has hecho Raquel?-
-Aquí en realidad dice: “En siete días conocerás los
secretos del Comienzo si NO pronuncias el último nombre de Dios.”-
Dio vuelta la página, algo que no había hecho su hija
y encontró otro párrafo que decía: “Si lo haces será el Fin.”
Presos de la angustia, comenzaron a correr a toda
velocidad buscando la salida de la cueva.
Una vez afuera miraron al cielo y vieron como las
estrellas se apagaban una a una, la luna se enrojecía y la oscuridad comenzaba
a apoderarse de todo el planeta.
Era el Fin del Mundo y ellos habían sido el
instrumento…
-Listo espero que esta novela sea un éxito.- dijo
eufórico mientras iba en busca de su habano y de un whiskey escocés.-
Saltó sobre su perro que estaba echado en la
alfombra. Este lo miró con un ojo y
siguió durmiendo.
-Voy a encender mi habano, espero no te moleste.- le
dijo a su enérgico amigo.
Luego de la primera bocanada de humo releyó el final y
se dio cuenta que faltaba la palabra fin y la escribió: F I N.
Salió al jardín a tomar un poco de aire y disfrutar del
momento.
Más al levantar la vista hacia el cielo pudo ver que las
estrellas comenzaban a apagarse una a una, la luna comenzaba a tener tintes
rojos y la más negra oscuridad se cernía sobre el mundo.
F
I N
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